El periodista señor y amigo querido se fue a los 92 años, de pura vida, con el espíritu siempre joven revolviéndose en la fragilidad de su cuerpo. Fue principalmente periodista, en la línea dejada por Mariátegui: placer de leer, de escribir con las palabras concisas, de mostrar las ideas y sentimientos de modo transparente, de combatir con ideas por el socialismo, siempre con el respeto debido.       

Vivió el periodismo al lado de la literatura, particularmente la poesía, la pintura, la música clásica y popular; disfrutaba de las pequeñas reuniones de amigos para hacer música, cantar valses, yaravíes, zambas, waynos, reír, beber un pisco del bueno, o un vino. Fue profesor de periodismo en San Marcos, en las salas de redacción de periódicos y revistas por donde pasó, dejando siempre una huella, también en el pequeño y profundo universo de la bohemia en cafés, bares y en el calor del patio de su casa en el Rímac.

Fue haciéndose hombre de izquierda en medio de la adversidad y la pobreza, sin rencores, envidias, ni deseo alguno de venganza; aceptándose como era, sencillo y al mismo tiempo, seguro de sí e irónico. Nunca escondió lo que era y lo que pensaba: aceptó con tranquilidad y buen humor las múltiples entradas en comisarías, cárceles, (Panóptico, Frontón, Sepa) y destierros. Con Natalia, el amor de toda su vida, le fue más fácil soportar esos golpes.

Hombre de izquierda desde el principio hasta el fin. Lo entusiasmó la esperanza abierta por la revolución bolchevique, abrazó la causa del PC, sintió y sufrió lo que era la línea oficial que no tolerar a quienes piensan por su cuenta, se mantienen firmes en sus principios y, por eso, discrepan. Le dolió profundamente el naufragio de la Unión Soviética, esa derrota mayor de la izquierda en el mundo. Se repuso, manteniendo su adhesión a la causa del pueblo y trabajando con la energía de siempre. Pocos meses atrás, vio publicado su último libro, que es una contribución para conocer lo que fue la lucha de la clase obrera peruana por las ocho horas.

Se fue con los deberes cumplidos, sin molestar. Quién como él.


(Foto: Andina)