Se renueva y crece una ofensiva desde el poder político que controla el país para que peruanas y peruanos olvidemos los crímenes cometidos por las fuerzas armadas y policiales por órdenes expresas de los jefes de gobiernos democráticos y dictatoriales como los de Belaunde, García y Fujimori, y solo recordemos los crímenes de los senderistas y emerretistas, ocurridos todos en los años 1980- 2000. Es una batalla más entre la memoria y el olvido. Se trata en el fondo de dos memorias en conflicto desde que la especie humana, apareció en el mundo hace 100 mil años. Los que matan quieren que nadie sepa que mataron. Dejemos que, de un lado, los fujimoristas, belaundistas, apristas y los jefes de las Fuerzas armadas y policiales, y, de otro los senderistas y emerretistas que ordenaron matar y mataron, discutan entre ellos quiénes mataron más y quiénes menos. Lo trágico es que nadie devolverá las vidas de sus víctimas. 

El museo Lugar de la Memoria (LUM) es el espacio escogido para esta nueva  batalla, a través de un operativo fujimontesinista puro y duro, puesto en escena por el general Edwin Donayre, que debe sentirse feliz por haber desplegado todo su saber de inteligencia para lucir una estrella más de comportamiento ridículo en la pechera. (Parte de la prensa ha presentado mucha información sobre el curriculum , ¿prontuario?) de ese congresista). 

El objetivo buscado es muy  sencillo: que ese lugar de la memoria se cierre si es que sus responsables no retiran de sus exposiciones las fotos, videos, audios y textos que presentan los crímenes cometidos por las fuerzas armadas y policiales. Algunos meses atrás, en el mismo LUM el exministro de cultura Salvador Del Solar ordenó la salida del entonces director Guillermo Nuguent con un argumento surgido de la ignorancia: la memoria en el LUM “está partidarizada” con los terroristas y debería ser neutra. En materia de defensa de la vida y todos los derechos no existen memorias neutras; las memorias pertenecen siempre a las partes en conflicto. El problema de fondo es que ninguna de las dos memorias borre a la otra. Presentar la coexistencia de las dos memorias es la única posibilidad que tenemos si queremos defender la democracia y la libertad. 

La lógica del razonamiento de Donayre (llamado en las redes “Mamani  Donayre”), de los militares retirados que hablan, de los militares en actividad que no hablan pero piensan lo mismo, de los congresistas fujimoristas, apristas y belaundistas, de los periodistas que sirven fielmente a la causa del poder, del arzobispo Cipriani y de las cúpulas evangélicas, se expresa en las siguientes tesis: 

1. Los únicos terroristas en el Perú son los de izquierda. 2. los militares y policías que hicieron lo que les ordenaron, no son terroristas; mataron en nombre de la democracia. 3. Como miembros de la “institución tutelar de la patria” deben ser premiados, tratados como “héroes de la democracia”, y el Congreso debe dar una ley para anular todos los juicios contra ellos. 4. No deben salir de la cárcel los terroristas condenados por el Poder Judicial, deberían morir allí aunque hayan cumplido con todas sus condenas. 5. La única memoria que debe ser presentada en el LUM es la que cuenta los crímenes de los terroristas. 6. La verdad es relativa, cada uno tiene su verdad, la verdad es solo una opinión. 7. En este nuevo mundo de la post verdad, los hechos serían también relativos; ignoramos los hechos que no nos gustan y presentamos los hechos que sí nos gustan, como los verdaderos. 8. La reconciliación nada tiene que ver con los terroristas. 9. Ya es hora de no mirar atrás. ¿Recuerdan, lectoras y lectores, el grito del terrorista Alberto Fujimori: “!soy inocente!”? Se condensa en esa frase el espíritu de los que quieren revisar la historia para para tratar de borrar sus delitos. 

Llegados a este punto una pregunta es indispensable: ¿Tienen Donayre y sus  compañeros de ruta una inteligencia tan desarrollada como para elaborar esas tesis? Responder afirmativamente sería cometer una grave injusticia y ofrecerles indulgencias con avemarías ajenas. Me sirvo de este adagio con el único propósito de ser entendido por ellos y ellas, que son tan católicos, tan romanos, tan limeños. Como los toreros, los militares son muy creyentes porque necesitan la protección de su dios para hacer su trabajo y salir bien librados de los peligros que corren. ¿Aparentarían ser tan valientes si fueran agnósticos o ateos? Las nuevas tesis sobre el terrorismo, la post verdad y la memoria que conviene solo a una parte, van por el mundo como las zapatillas Nike, la Coca-Cola, los iPhone, las ametralladoras de último modelo y las técnicas psicológicas para destruir la personalidad de los vencidos y prisioneros en Guantánamo. 

Para terminar, son pertinentes algunas cifras. Según los registros previos a la  Comisión de la Verdad y Reconciliación, CVR, 24,692 fue el número de víctimas del conflicto interno. Multiplicando esta cifra por 2.8%, la CVR ofreció la cifra final de 69,280. El 54% habría sido víctima de SL; el resto, con excepción de un menor porcentaje atribuido al MRTA, correspondería a las víctimas de las Fuerzas Armadas y policiales. 

Por otro lado, el número de denuncias registradas sobre  desaparecidos antes de la CVR fue de 7,713 y de acuerdo a la CVR, se verificaron 2,144 desapariciones y no tuvieron tiempo de analizar las 5,569 restantes. Del total verificado, al Estado (Fuerzas armadas, policiales, ronderos para militares y comités de autodefensa) le corresponderían 936 desapariciones, (43.65%), a los grupos subversivos 730, (33.97%), y 478 habrían quedado indeterminadas, (22.38%). Si multiplicamos el número de 7,713 denuncias sobre desaparecidos por el mismo 2.8% anterior tendríamos un total de 21,596 desapariciones. 

Si mantenemos la tasa de responsabilidad de las desapariciones propuesta por la CVR en sus 2,144 desapariciones verificadas, al Estado le corresponderían 9,427 que representarían el 43.65%; a los grupos subversivos 7,336 (33.97%) y las desapariciones sin autor conocido serían de 4,833, (22.38%). Hablar de 21,596 más de veinte mil desaparecidos en 2004 parecía exagerado; 14 años después, el registro de desaparecidos del Ministerio de Justicia es 20,329 y aún no está completo. (Ver, Rodrigo Montoya, Informe de la Comisión de la verdad y Reconciliación: un doloroso espejo del Perú, en el libro Elogio de la Antropología, San Marcos, INC Cusco, 2004). 

No olvidemos que estamos hablando de 69,280 víctimas; de seres humanos, no  de hormigas; de peruanos y peruanas, cuyas tres cuartas partes fueron indígenas quechuas y asháninkas. ¿Se trata de “errores” o “excesos” cometidos por el Perú oficial y de delitos y crímenes solo por los senderistas y emerretistas? Volveré sobre el tema.